El tedio, Alberto Moravia

el tedioUn narrador protagonista nos introduce en su conflicto existencial a partir del tedio que padece. El tedio en tanto estado de ánimo disociado de algún interés particular, donde la falta de nexo con la realidad parece ser la causa de la crisis.

Dino es un pintor de treinta y cinco años que está aburrido de pintar. También le fastidia el mundo fastuoso de su madre, del que termina por apartarse. En suma, es un tipo aburrido de cuanto lo rodea, que vive la crisis del lienzo en blanco, sin poder conseguir ningún trazo que lo entusiasme a proseguir su actividad artística. No existe ningún motivo que lo ate a la realidad para salir de ese tedio que lo mantiene inmovilizado, marginado en su estudio y en reflexiones aciagas, hasta la repentina aparición de Cecilia, muchacha joven de quien se enamora y le sirve en parte de vehículo para conectarse poco a poco otra vez con la realidad, aunque no del todo. Cecilia,  una mujer joven de apenas de diecisiete años, resulta ser tan desinteresada del mundo como Dino.

Lo interesante de la novela no pasa por la anécdota en sí misma, puesto que recrea una relación amorosa como hay tantas otras descritas en las novelas. Si no en el desglose que hace el narrador capa a capa de la conciencia del protagonista respecto a sus estados anímicos, para mostrar ese mundo oculto que gravita en toda conciencia, pero al que pocos pueden acceder o son capaces de recrear de manera concreta en un texto narrativo. En este sentido, el valor está en la penetración de la conciencia de Dino y Cecilia, hasta dejarlos en más de algún momento al desnudo, transfigurándose en un reflejo del lector, en un sentido analógico, por cierto.

Las descripciones y percepciones de Dino respecto al sentimiento de amor carnal son tan detalladas y minuciosas, que ponen en la mente del lector todo cuanto es posible sentir por una mujer tras el deseo de posesión. La intelectualización del sentimiento desborda hacia esos horizontes que llamamos estéticos, donde la razón no llega, pero la intuición se expande al infinito.

Alberto Moravia deconstruye magistralmente en esta novela la conciencia amorosa de un modo semejante a como lo hace en su novela El desprecio, con la única diferencia que aquí va todavía más lejos en el detalle y morosidad del relato de episodios complejos, referidos a la intimidad de las relaciones amorosas.

Miguel de Loyola – Santiago de Chile  – Año 2002

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