Budapest, la joya del Danubio

budapest2Realmente Budapest es una ciudad maravillosa, sobre todo de noche, cuando se iluminan sus puentes, palacios y castillos, transformándose en una ciudad encantada, de ensueño, sólo falta la aparición del príncipe o la princesa azul para que el sueño sea rotundo. Por supuesto que los jóvenes eso también lo encuentran en sus calles desbordantes de alegría, atestadas de bares y restaurantes hasta medianoche. Un paseo de noche por el Danubio, conduce al viajero directamente al paraíso. La iluminación del castillo de Buda y el palacio del parlamento en Pest, se roban la película, sus luces perfilan los contornos de los edificios otorgándoles esa grandiosidad sólo semejante al brillo natural de los astros del cielo.budapest1

Buda y Pest son dos ciudades y a la vez una misma, unidas por puentes tan magníficos como los que cruzan el Sena en París, en Londres el Támesis, o el Hudson en Nueva York, o tal vez más hermosos aún, dotados del encanto de las obras arquitectónicas levantadas por artistas. Estando en la ribera de Buda, se anhela cruzar a la otra orilla, a Pest, y viceversa, como es costumbre a la condición humana, anhelar lo otro, lo que está al frente. Sin embargo, aquí la cuestión se complica todavía algo más, porque en definitiva no hay por cual decidirse.

La tranquilidad del Danubio infunde una paz que otras ciudades en el mundo no tienen, a pesar de la invasión de turistas que recorren las calles disparando fotoametralladoras hacia todos los puntos imaginables. La calma del río, se lleva en su cauce las amarguras y el estrés de los transeúntes. Las costaneras que corren siguiendo el curso del río, invitan al paseo público, al ejercicio de recorrer de un extremo a otro pasando plazoletas y terrazas, los embarcaderos donde descansan naves majestuosas esperando a los viajeros, se suceden una tras a otra, allí esperan los cisnes que navegan el Danubio hasta su desembocadura o nacimiento. Son embarcaciones de lujo, dotadas con los más cómodos adelantos para la ansiada travesía.

Sus avenidas y calles son amplias, espaciosas para dar cabida a la multitud. Muchas de ellas adoquinadas, límpidas como viejas piedras de mármol lustradas por el sol y la humedad del río. Los edificios son de una elegancia sublime. Se dice que Budapest es imitación de Viena como Viena de París, por ahí provienen las influencias, el refinamiento, la magnificencia estructural de los edificios. Aunque Budapest tiene un aire más festivo y juvenil. Por sus calles transita la juventud como en ninguna otra parte, en su mayoría estudiantes universitarios provenientes de todas los rincones de la llamada centro de Europa.

La catedral de San Esteban resalta como punto de referencia para quienes cuesta orientarse en medio de esas dos ciudades que se confunden. Ubicada en el corazón del casco más antiguo de Pest, congrega a toda hora el interés de turistas y feligreses.
El húngaro es tan difícil como cualquier idioma desconocido. Hay que darse a entender en inglés, idioma que en Hungría casi todos también hablan. La gente es amable en Budapest, o al menos más amable que en otros países vecinos, de menor interés turístico. Es verdad que el roce continuo con turistas extranjeros, consigue a través del tiempo dulcificar el carácter más osco de los individuos.

Los parques de la ciudad tienen ese estigma de grandiosidad de los parques que en el pasado pertenecieron a los reyes. Fuentes, estatuas y árboles monumentales, en medio de aquel verdor oscuro, propio de las regiones del mundo donde abundan el agua. El Agua es tan pura en Hungría, como en Italia, Grecia, Viena, conserva el sabor del agua de vertiente. La veneración al agua en estos países, es otra sorpresa.budapest3

El funicular que sube hasta el cerro del castillo en Buda, permite una panorámica maravillosa de Pest y del puente las cadenas, levantado en el siglo XIX. Desde allí es posible imaginar el cruce de miles de barcos desde los tiempos más remotos. Desde allí cabe pensar por qué se desarrollaron junto al Danubio las culturas más sofisticadas de Europa. También cabe recordar desde allí al gran novelista húngaro, Sandor Marai, quien de seguro paseaba por esos puentes.

Miguel de Loyola – Budapest – Junio del 2019.-

Un comentario en “Budapest, la joya del Danubio

  1. Buenísima crónica. Miguel tiene la virtud de recrear las atmósferas que describe, haciéndolas vívidas como lo hace en sus cuentos. Prosa directa, eficaz y sin falsos subterfugios.
    ¡Felicitaciones!

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