Enrique Lafourcade, genio y figura hasta la sepultura

lafourcadeEnrique Lafourcade (1927 – 2019) fue indudablemente el escritor chileno más polémico y prolifero de su generación, su producción alcanza -se dice- más de cincuenta títulos, entre novelas y crónicas. Sus polémicas culturales abarcaron la contingencia nacional de Arica a Punta Arenas, y también todos los estratos de nuestra sociedad, porque recreó en sus obras a sus personajes, de peón a paje, como versa el dicho popular. Fue un promotor cultural como ningún otro escritor de su tiempo, sagaz, beligerante, tábano, moscardón, siempre a contracorriente, al filo de la navaja, ganando a veces, o casi siempre, más enemistades que amistad en su incesante quehacer cultural. Hombre de mirada adusta, semblante serio, extremadamente tímido, se ha dicho, pero conflictivo y atento para captar los signos de los tiempos, dotado de sensores que le permitieron en muchos momentos  adelantarse al devenir nacional. Cabe recordar que a edad muy temprana publica la controvertida Antología del cuento chileno (1954), libro de carácter fundacional porque instaura la llamada Generación del 50, la cual lideró y nominó como tal. Una generación caracterizada por “una angustia indefinida que da origen a una rebeldía sin causa ni propósito y que en el fondo, no es sino el reflejo del sentimiento existencialista que aplasta a las nuevas generaciones de Europa y Norteamérica.”, sostiene Fernando Alegría a modo de definición en uno de sus ensayos referidos al tema, y más adelante agrega: “reaccionando contra las formas del realismo más obvio, situándose al margen de los conflictos políticos, aislándose en climas de morbidez, representa a su vez una auténtica crisis social moderna.(…) mira cara a cara sus defectos y se dispone a construir la estructura de un nuevo poder.” Dicha antología reúne tempranamente en sus páginas a la gran mayoría de los escritores que conformaron tal generación, aunque en su momento causara las consabidas polémicas de todas o casi todas las publicaciones de Lafourcade en el medio literario chileno, un medio por siempre hostil, según sus propias palabras. Recuérdese las de sus novelas: Pena de muerte (1952),  La fiesta del rey Acab (1959), El príncipe y las ovejas (1961), Frecuencia modulada (1968), Palomita Blanca (1971), Salvador Allende (1973), Tres terroristas, (1976), Animales literarios de chile (1981), Adiós al Führer (1982),  El gran Taimado (1984); sólo por nombrar algunas de sus obras que causaron más de alguna controversia.

Su muerte a los 91 años, sin duda, enluta a nuestras Letras, pues su partida deja un vacío difícil de llenar en estos tiempos, cuando además los espacios públicos para los escritores resultan cada vez más restringidos, o sencillamente inexistentes, o al borde de la desaparición total. Lafourcade no sólo fue un escritor de ficción de primera plana, sino también un eximio cronista en la prensa nacional, donde se dio maña para escribir de todo cuanto pasó por su desbordante imaginación intelectual. Notable es el recuerdo en sus crónicas dominicales de los escritores de su época, y aún de aquellos pertenecientes a épocas anteriores a la suya, sus relaciones y amistad con el extinto grupo La Mandrágora y los llamados poetas surrealistas. Lafourcade recordaba en sus crónicas entusiastas y algunas delirantes de alegría y felicidad, aunque no exentas de ironía y sarcasmo, a cada tanto a éste o aquel poeta o narrador, manteniendo al lector enterado de nombres y obras de los “animales literarios”, como bien llamó a quienes conforman el medio literario nacional. Generosidad y gentileza que pocos escritores con tribuna en los medios de comunicación masiva han tenido y tienen para hablar de otros más y mejor que de sí mismos. En ellas Lafourcade no dejó de hablar de Braulio Arenas, el chico Molina, Jorge Tellier, Donoso, Giaconi, Lihn, Jorodowsky, Huidobro, Neruda, Enrique Gómez-Correa, Teófilo Cid, Arteche, entre muchos otros.

Sus novelas abordan temas relacionados con la contingencia nacional y también mundial en su momento justo y hasta a veces oportunista, y algunas se adelantaron vaticinando el futuro, lo que estaba por suceder en el plano de la contingencia nacional. En ellas hay ironía, sarcasmo, repudio y denuncia constante; sus personajes variopintos, encarnan y recrean los estratos más clásicos de nuestra sociedad. Su narración está marcada por un estilo ágil, de frase corta, sin caer en la yuxtaposición de oraciones agotadoras, ni entreveradas, sino siguiendo el estilo descarnado de un Truman Capote, Tennessee Williams, etc.

Sus obras más importantes varían de acuerdo a los críticos de su obra, pero hay al menos consenso en algunas: La fiesta del rey Acab, El pastor y sus ovejas, Palomita Blanca.  Tres novelas de muy distinto contenido temático, donde es posible advertir la calidad literaria del autor por su excelente dominio del lenguaje y un manejo acabado de la psicología de sus personajes, además ilustran claramente la versatilidad de la pluma de Lafourcade. La primera focalizada en la dictadura Rafael Trujillo en la isla Santo Domingo, perfila la personalidad del dictador, sus redes de control policial, sus crímenes y pasiones, incluidas las amorosas. En El pastor y sus ovejas, Lafourcade desarrolla el tema del desarraigo y apostasía romántica a través de la personalidad de un personaje controversial que recorre la costa azul europea. En Palomita blanca, la novela más vendida en Chile de todos los tiempos, la pluma sensacionalista de Lafourcade, como la han llamado algunos no sin recelo, recrea como ninguna otra novela de su tiempo, los sueños y motivaciones de la juventud en medio de la conflictiva época de los años 70, convulsionada por movimientos políticos, el hipismo y la Unidad Popular.

Se espera ahora la clásica reedición de sus obras más importantes tras su reciente fallecimiento, como ya es tradición en este país y en el mundo, rendir homenaje de ese modo a los escritores difuntos. Aunque cabe recordar que la gran mayoría de las obras publicadas por Enrique Lafourcade, tuvieron la impronta atípica de la autopublicación. Nunca se cansó tampoco de recomendar aquel camino de  independencia total a los jóvenes en sus talleres, impartidos en la plaza Mulato Gil, donde mantuvo por años su propia librería. Hasta en eso fue visionario, pues dadas las facilidades tecnológicas de los últimos tiempos, es lo que está ocurriendo a menudo hoy.

Miguel de Loyola  – Santiago de Chile – 30 de Julio del 2019.

Un comentario en “Enrique Lafourcade, genio y figura hasta la sepultura

  1. Me parece bien el comentario, pero lo más importante es que nunca poso de demócrata y tampoco
    renegó del 11 de septiempre. Te falto el libro SALVADOR ALLENDE, publicado en la España franquista.
    Eres muy joven. Tu amigo Raúl.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s