Surazo,obra de Marta Jara

surazoEn Surazo, Marta Jara (1919 – 1972), recrea los últimos momentos de un anciano que vive junto a su hija y sus nietos en una de isla solitaria del archipiélago de Chiloé, donde el ambiente resalta la soledad de esas horas tristes y finales. El viento arrecia, lo mismo que la oscuridad y la lluvia, donde los personajes parecen desamparados, aislados en una cabaña por donde se cuela el viento y el ruido del mar que golpea incansablemente la costa. El relato busca el retrato de esa experiencia última, describe el temor del hombre frente a la muerte inexorable, la cual acecha cual fantasma al anciano noche tras noche.

La particularidad de la narración está en la inmersión psicológica del anciano, de quien no sabemos su nombre, pero representa a la humanidad frente al final de la vida. El anciano durante la noche arrastra su catre de un lado a otro por la habitación, huyendo de manera simbólica de aquel fantasma que lo persigue. Es decir, hay resistencia, lucha contra aquel destino fatal. Somos seres para la muerte, sostiene Heidegger, advirtiendo su importancia, antes el descuido del ser, y la frivolidad del existente.

La prosa de Marta Jara es fluida, pero calmada, silenciosa, sin estridencias, a pesar del uso de vocablos complejos por su significado, muchos ya en desuso, aunque precisos para la descripción de las circunstancias. Denota una evidente conexión con la literatura realista chilena, cercana al criollismo, pero provista de un acercamiento psicológico que está muy lejos del mismo. Marta Jara, si bien retrata el ambiente, el tiempo y el espacio a la manera del criollismo, penetra la corteza del inconsciente y muestra al hombre en su más completa y compleja vivencia existencial.  Es indudablemente una adelantada para su época, lo mismo que María Luisa Bombal en sus inolvidable novelas La ultima niebla, y La amortajada de principio del siglo XX.

 La literatura femenina encuentra en la obra de Marta Jara una sólida representante que sería bueno rescatar en estos tiempos, cuando lo femenino surge libre de atavismos y de las privaciones del pasado, cuando sus voces solían ser injustamente acalladas o pasadas a un segundo plano por la crítica.

Miguel de Loyola – El Quisco – Invierno del 2011.-

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