Puntos de encuentro

pasadizosNo hace mucho descubrí que María Estela se movía en una dimensión distinta a la mía, por otros pasillos, por otros pasadizos, por otras líneas. Al principio la idea me aterrorizó, tuve miedo, pesadillas, celos, ataques de pánico inclusive; no me podía conformar… Después, poco a poco, me fui calmando, comprendiendo también, visualizando al fin la nebulosa por donde transitan las vidas, los individuos; las múltiples rutas, los túneles de cada uno, y el milagro de toparse en algún punto, en algún recodo, en alguna esquina.  

Sí, ella avanzaba por otros pasadizos, a otra velocidad, a otro ritmo se abría paso por los túneles. Pero nos íbamos topando, encontrándonos de tanto en tanto aquí y allá, como el día y la noche cuando se rosan en el ocaso, al amanecer, y pronuncian entonces palabras eternas. Después ella continúa su rumbo y yo el mío, hasta que nos volvemos a topar más adelante o más atrás en la línea del tiempo que tampoco es lineal ni continua.  

Así hemos andado desde el primer día. Así hemos llevado la vida juntos.  Cuando nos conocimos por primera vez, pensamos que habitábamos la misma dimensión, el mismo pasadizo, pero sólo se trataba de un punto de encuentro. El tiempo varía según sea el impacto. Luego seguimos, continuamos avanzando  hacia el encuentro definitivo, fuera del tiempo, donde confluyen todas las avenidas. Es la esperanza de todos, sin duda. Mientras tanto hay que seguir, continuar por los túneles de cada uno hasta su desembocadura.

 

Miguel de Loyola – Santiago de Chile – Diciembre del 2020

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